Wednesday, March 19, 2014

Israel

Israel
Hummingbird
Raven
Iceland
Kenningar
Walk
Talk
Tango

Psalm 18:10
"And he rode upon a cherub, and did fly: yea, he did fly upon the wings of the wind."

Empiezo por el más insidioso de los ejemplos: un verso de los muchos interpolados en la Saga de Grettir. 
                  El héroe mató al hijo de Mak;
hubo tempestad de espadas y alimento de cuervos.
Noticia de los Kenningar 
Jorge Luis Borges



 
Male Allen's Hummingbird by geckonia


 
Construcciones poéticas vikingas: las kenningar

 Raven


 dendroica: necronosferatusxanctus: Northern raven - Corvus Corax ♥♥ (un)common raven by Tom Spross




 Tango 


Faroe Islands




 Chess:  "Israel" "Hummingbird" "Iceland" "Raven" "Kenningar " "Walk" "Talk" "Tango"


Historia de la eternidad Jorge Luis Borges
Página 14 de 54
Una de las más frías aberraciones que las historiasliterarias registran, son las
menciones enigmáticas o kenningar de la poesía de Islandia. Cundieron hacia el año
100: tiempo en que los thulir o rapsodas repetidores anónimos fueron desposeídos
por los escaldos, poetas de intención personal. Es común atribuirlas
a decadencia; pero ese depresivo dictamen, válido o no, correspon de a la solución del
problema,
no a su planteo. Bástenos reconocer por ahora que fueron el primer deliberado goce verbal de
 una
 literatura instintiva.
Empiezo por el más insidioso de los ejemplos: un verso de los muchos interpolados
en la Saga de Grettir. El héroe mató al hijo de Mak; Hubo tempestad de espadas y
alimento de cuervos.
En tan ilustre línea, la buena contraposición de las dos metáforas —tumultuosa la
una, cruel y detenida la otra— engaña ventajosamente al lector, permitiéndole
suponer que se trata de una sola fuerte intuición de un combate y su resto. Otra es
la desairada verdad. Alimento de cuervos—confesémoslo de una vez— es uno de
los prefijados sinónimos de cadáver, así. como tempestad de espadaslo es de batalla.
Esas equivalencias eran precisamente las kenningar.
Retenerlas y aplicarlas sin repetirse, era el ansioso ideal de esos primitivos hombres de
letras. En buena cantidad, permitían salvar las dificultades de una métrica rigurosa, muy
 exigente de
aliteración y rima interior. Su empleo disponible, incoherente, puede observarse en
estas líneas: El aniquilador de la prole de los gigantes
Quebró al fuerte bisonte de la pradera de la gaviota. Así los dioses, mientras el
guardián de la
 campana
se lamentaba,

Destrozaron el halcón de la ribera.De poco le valió el rey de los griegos
Al caballo que corre por arrecifes.
El aniquilador de las crías de los gigantes es el rojizo Thor. El guardián de la
campana es un ministro de la nueva fe, según su atributo. El rey de los griegos es
Jesucristo, por la distraída razón de que ése es uno de los nombres del emperador
de Constantinopla y de que Jesucristo no es menos. El bisonte del prado de la
gaviota, el halcón de la ribera y el caballo que corre por arrecifes no son tres
animales anómalos, sino una sola nave maltrecha. De esas penosas ecuaciones
sintácticas la primera es de segundo grado, puesto que la pradera de la gaviota ya
es un nombre del mar... Desatados esos nudos parciales, dejo al lector la clarificación
 total de las líneas, un poco
décevante por cierto. La Saga de Njal las pone en la boca plutónica de Steinvora, madre
de Re
f el Escaldo, que narra acto
continuo en lúcida prosa cómo el tremendo Thor lo q
uiso pelear a Jesús, y éste no
se animó. Niedner, el germanista, venera lo "humano
-contradictorio" de esas
figuras y las propone al interés "de nuestra modern
a poesía, ansiosa de valores de
realidad.Otro ejemplo unos versos de Egil Skalagrímsson:



Noticia de los Kenningar

Jorge Luis Borges

Una de las más frías aberraciones que las historias literarias registran, son las menciones enigmáticas o kenningar de la poesía de Islandia. Cundieron a principios del 1200: tiempo en que los thulir o rapsodas repetidores anónimos fueron desposeídos por los escaldos, poetas de intención personal. Es común atribuirlas a decadencia; pero ese depresivo dictamen, válido o no, corresponde a la solución del problema, no a su planteo. Bástenos reconocer por ahora que fueron el primer deliberado goce verbal de una literatura instintiva.
Empiezo por el más insidioso de los ejemplos: un verso de los muchos interpolados en la Saga de Grettir.


El héroe mató al hijo de Mak;


hubo tempestad de espadas y alimento de cuervos.



En tan ilustre línea, la buena contraposición de las dos metáforas -tumultuosa la una, cruel y detenida la otra- engaña ventajosamente al   —203→   lector, permitiéndole suponer que se trata de una sola fuerte intuición de un combate y su resto. Otra es la desairada verdad. Alimento de cuervos -confesémoslo de una vez- es uno de los prefijados sinónimos de cadáver, así como tempestad de espadas lo es de batalla. Esas equivalencias eran precisamente los kenningar. Retenerlas y aplicarlas sin repetirse, era el ansioso ideal de esos primitivos hombres de letras. Su empleo disponible, incoherente, puede verificarse en esta canción:


El aniquilador de la prole de los gigantes


quebró al fuerte bisonte de la pradera de la gaviota.


Así los dioses, mientras el guardián de la campana se lamentaba,


destrozaron el halcón de la ribera.


Al caballo que corre por arrecifes


de poco le valió Jesucristo.



El aniquilador de las crías de los gigantes es el rojizo Thor. El guardián de la campana es un ministro de la nueva fe, según su atributo. El bisonte del prado de la gaviota, el halcón de la ribera y el caballo que corre por arrecifes no son tres animales irregulares, sino una sola nave maltrecha. De esas penosas ecuaciones sintácticas la primera es de segundo grado, puesto que la pradera de la gaviota ya es un kenning del mar... Desatados esos nudos parciales, dejo al lector la clarificación total de las líneas, un poco décevante por cierto. La precelente Saga de Njal las pone en la abominable boca plutónica de Steinvora, madre de Ref el Escaldo, que narra acto continuo en lúcida prosa cómo el tremendo Thor lo quiso pelear a Jesús, y éste no se animó.
Predomina el carácter funcional en los kenningar. Definen los objetos por su figura menos que por su empleo. Suelen animar lo que tocan, sin perjuicio de invertir el procedimiento cuando su tema es vivo. Fueron legión y están suficientemente olvidados: hecho que me ha inducido a compilar un índice parcial de sus desfallecidas flores retóricas. Entre los libros que más serviciales me fueron, están la ya mencionada Saga de Njal (en la versión inglesa de Webbe Dasent, de 1861) y el manual   —204→   Eddalieder de Wilhelm Ranisch. A la generosa erudición de Raimundo Lida, debo una veintena de ejemplos. En el índice, no excluyo los kenningar que ya registré.
gansos de la batalla las flechas


árbol de asientoel banco


fuego del marel oro
fuego de las olas del mar
fuego del Rhin
tesoro del dragón
bronce de las discordias


bosque de la quijadala barba


peñasco de los hombrosla cabeza
castillo del cuerpo


caballo del piratala nave
ciervo de mar
patín de viking
patín de agua
padrillo de la ola
halcón de la ribera


baño del cisne el mar
camino de las velas
ruta de la ballena
campo del viking
prado de la gaviota


sacudidor del freno el caballo
  —205→  
joyas de la cabezalos ojos


teñidor de espadasel guerrero
árbol del yelmo
señor de la pelea


tesoro del pechoel pensamiento


señor de anillosel príncipe
distribuidor de los tesoros
distribuidor de las espadas
custodia de las joyas


viaje de las olasla inundación


fragua del cantola cabeza del skald


yelmo del airela neblina


yelmo de la nochela sombra


querido alimentador de los lobosel hacha
ogra de la batalla


encuentro de las fuentesla batalla
juego de los filos
borrachera de las espadas
tempestad de espadas


riacho de los lobosla sangre
marea de la matanza
rocío del muerto
sudor de la guerra
agua de la espada
  —206→  
espina de la batallala espada
pescado de la batalla
roedor de yelmos
perro de cadáveres
lobo de las heridas
rama de las heridas
Omito los de segundo grado, los obtenidos por combinación de los anteriores -verbigracia, el agua de la vara de las heridas, la sangre; el árbol del encuentro de las fuentes, el valeroso- y los ocasionales: el sostén del fuego del mar, una mujer con un dije de oro cualquiera. (Esa identificación del oro y la llama -peligro y resplandor- no deja de ser eficaz, como tampoco los cinco kenningar de la sangre).
Recorrer el índice total de los kenningar es exponerse a la incómoda sensación de que muy raras veces ha estado menos ocurrente el misterio -y más inadecuado y verboso-. Antes de condenarlos, conviene recordar que su trasposición a un idioma que ignora las palabras compuestas tiene que agravar su inhabilidad. Espina de la batalla o aun espina de batalla o espina bélica es una desairada perífrasis; Kampfdorn o battle-thorn lo son menos. Así también, hasta que las exhortaciones gramaticales de nuestro Xul-Solar no encuentren obediencia, versos como el de Rudyard Kipling:


In the desert where the dung-fed camp-smoke curled



o aquel otro de:


To our five-meal, meat-fed men



serán inimitables e impensables en español...
Otras apologías no faltan. Una evidente es que esas inexactas menciones eran estudiadas en fila por los aprendices de skald, pero no eran   —207→   propuestas al auditorio de ese modo esquemático, sino entre la agitación de los versos. (La descarnada fórmula
agua de la espada = sangre
es acaso ya una traición). Ignoramos sus leyes: desconocemos los precisos reparos que un juez de kenningar opondría a una buena metáfora de Lugones. Apenas si unas palabras nos quedan. Imposible saber con qué inflexión de voz eran dichas, desde qué caras, individuales como una música, con qué admirable decisión o modestia. Lo cierto es que ejercieron algún día su profesión de asombro y que su gigantesca ineptitud maravilló a los rojos varones de los desiertos volcánicos y los fjords, igual que la profunda cerveza y que los combates de caballos encabritados. No es imposible que una misteriosa alegría los engendró. Su misma bastedad -peces de la batalla: espadas- puede responder a un antiguo humour, a chascos de hiperbóreos hombrones. Así, en esa metáfora salvaje que he vuelto a destacar, los guerreros y la batalla se funden en un plano invisible, donde se agitan las espadas orgánicas y muerden y aborrecen. Esa imaginación figura también en la Saga de Njal, en una de cuyas páginas está escrito: Las espadas saltaron de las vainas, y hachas y lanzas volaron por el aire y pelearon. Las armas los persiguieron con tal ardor que debieron atajarse con los escudos, pero de nuevo muchos fueron heridos y un hombre murió en cada nave. Este signo se vio en las embarcaciones del apóstata Brodir, antes de la batalla que lo deshizo.
Posdata.- Morris, el delicado y fuerte poeta inglés, intercaló muchos kenningar en su última epopeya, Sigurd the Volsung. Transcribo algunos, ignoro si adaptados o personales o de los dos. Llama de la guerra, la bandera; marea de la matanza, viento de la guerra, el ataque; mundo de peñascos, la montaña; bosque de la guerra, bosque de picas, bosque de la batalla, el ejército; tejido de la espada, la muerte; perdición de Fafnir, tizón de la pelea, ira de Sigfrido, su espada.
Es sabido que los primitivos nombres del tanque fueron landship,   —208→   landcruiser, barco de tierra, acorazado de tierra. Más tarde le pusieron tanque para despistar. El kenning original era demasiado evidente.
El ultraísta muerto cuyo fantasma sigue siempre habitándome, goza con estos juegos. Los dedico a una clara compañera de los heroicos días. A Norah Lange, cuya sangre los reconocerá por ventura.

No comments: